Ciclismo de la década de los 50’s en San Felipe (Caja de Agua)

Hace muy poco tiempo, se nos fue uno de los “grandes” de la época de los 60 – 70 de nuestro Voleibol Nacional Masculino, quien estará ya en el paraíso como “armador” de esas glorias rematadoras que nos han dejado y estarán por siempre en nu   estro recuerdo. A pesar de su poca estatura, a cualquiera le metía un remate, pero dentro de la Selección se destacó´ como uno de los grandes levantadores de nuestro Sexteto Nacional, ese fue el gran compañero y amigo Asdrúbal Cabrera, familiarmente “Cabrerita”.

Para nuestra etapa de liceísta, fuimos admiradores de los rematadores de nuestra Institución: El Liceo “Arístides Rojas”, los cuales nos hicieron encausar por esa disciplina del Voleibol; tales como Gabino Muñoz, José “Cheo” Castillo, Raúl “Garranchán”, Herminio “Chente” Castillo, además de quien considero el atleta más completo hasta hoy día del Deporte Yaracuyano: Esteban “Planchón” Garrido (de quien escribiremos muy pronto). Pero éstos, para poderse destacar, dependían de un buen “levantador” o simplemente “armador”; en este sentido, estaban: Paúl Longobardi, hoy día radicado en Caracas como un excelente Odontólogo, nuestro buen amigo el Dr. Horacio Elorza Garrido, quien se ha destacado en la actualidad por sus acostumbradas crónicas. Quien por cierto ha venido realizando un magnífico trabajo sobre la actuación de Yaracuy en los Juegos Deportivos Nacionales, así mismo, ese cultor de nuestra cultura, como lo fue el admirable Jacobo Gil (QEPD),  un inolvidable amigo, quien se caracterizaba por su manera jovial para con todo el mundo.

Alfonso Peña eterno ganador con su “Máquina”

Pero hoy saco a relucir a uno de esos “desarmadores” o “vendedores” como lo fue en esa época, y que hoy es un gran Cronista para Yaracuy, y me refiero a nuestro apreciado amigo ORLANDO VALLADARES. Este singular personaje, quizá no podría emular al recordado “CABRERITA”, ya que cuando “ponía” el balón al respectivo rematador, éstos se les disgustaban porque era un  balón “vendío”  y de allá para acá venía un descomunal remate del contrario. Pero como ya han leído de su habilidad para escribir, donde si es muy destacado, hoy vamos a contar en MEMORIAS, con su fina pluma, en un escrito q nos relata EL CICLISMO EN EL BARRIO CAJA DE AGUA – DECADA 1950

He aquí su Recuento  Histórico

“San Felipe, a mediados del siglo pasado, se podía definir como una ciudad semi – rural, donde se apreciaban innumerables carencias y necesidades. Todavía, para esa época, existían granjas en el centro de la ciudad, como por ejemplo el naranjal de los Avendaño ubicado a lo largo de la calle 12, desde la av. 13 hasta lo q hoy es la av. 16, donde producían las famosas naranjas california de gajos jugosos y dulces, de color oro.

San Felipe era exactamente la descrita por el poeta Yaracuyano José Parra:

SAN FELIPE QUE LES PARECE

SUBIR POR LA 12 Y BAJAR POR LA TRECE

Y SI LA QUIERES DISTINTA

SUBIR POR LA CUARTA Y BAJAR POR LA QUINTA

Dibujando de esta manera, el recorrido de la única línea de taxi existente en la ciudad. Eran consideradas una de las principales vías pavimentadas de la capital Yaracuyana y la 5ta av. Encementada.

El Barrio Caja de Agua, corazón de San Felipe, atravesado de punta a punta por las calles 12 y 13, era y sigue siendo uno de los más poblados de la ciudad.

En el Caja de Agua de ayer, los jóvenes aparte de estudiar en la Escuela Estatal Graduada “Andrés Bello”, ubicada al final de las calles 12 y 13, ahí donde comienza la Av. Yaracuy, y en el Grupo Escolar “República de Nicaragua”, en compañía de los adultos dedicaban parte de su tiempo libre para la práctica deportiva, principalmente en aquellos deportes accesibles para la población, donde podían demostrar sus cualidades, aptitudes y condiciones físicas y mentales, entre esos deportes figuraban: el coleo, ajedrez, voleibol, boxeo, beisbol y el ciclismo, en este último deporte tuvimos la oportunidad de admirar y quedar encantados del esfuerzo, dedicación y amor por esta disciplina y por la comunidad de parte de un grupo de ciclistas entre los cuales destacaban: Ramón (medio millón) Escalona, Alfonzo Peña, Darío Bazán, El Chingo Piña, El Mudo Clemente Linárez, José Manuel Ordoñez, Los Hermanos Perillo, José Tadeo Tóber (chivo eléctrico), Miguel Camacho (el copete), el Petaco, Luis Puertas (el serrucho) y otros que lamentablemente pasaron al anonimato, precisamente, por la falta de una historia local escrita con realismo y credibilidad. El destacado pedalista Alfonso Peña, por su arrollador pedaleo, casi siempre era el vencedor.

Peña contrayendo nupcias con Josefina Yuzty (QEPD)

Era asombroso e impresionante ver a todos los ciclistas revoloteando y preparándose para el momento de la partida, para dirigirse al sitio de largada, derrochando energía propia de la juventud, haciendo acrobacias y malabarismos sobre sus caballitos de hierro o de acero marca Benotto o Raleigh de fabricación italiana e inglesa respectivamente, con su famoso pantalón corto de Kaki (tela fuerte y resistente) y franela, ese pantalón era el mismo que los muchachos usaban para asistir a la escuela, era el de todos los días.

Nos emocionaba ver también, cuando amarraban la tripa de repuesto y la bomba manual debajo del asiento o sillín, todo adquirido mediante el esfuerzo del atleta y la colaboración de familiares, amigos y de algún comerciante. Nuestros pedalistas no usaban guantes, no tenían calapié, no usaban zapatos adecuados para competir, hasta se pudo observar ciclistas pedaleando en alpargatas.

Frente a las residencias de los Bazán, de los Piña y de los Linárez Castillo se reunían familiares y amigos para darle ánimo y respaldo moral a sus ciclistas; aprovechando al mismo tiempo, la oportunidad de chuparse un exquisito  mango jardín de la mata de la Dra. Posadas.

En la esquina de la Av. 13 con calle 13 se reunían fanáticos amigos y familiares del favorito Alfonso Peña, tertuliando y esperando que los ciclistas se dirigieran al sitio de  inicio.

Al momento de la partida todos los ciclistas sobre sus pesadas bicicletas (hoy los materiales para construírlas, son: aluminio, titanio o fibra de carbono, materiales superlivianos y de alta resistencia; el sillín o asiento es diseñado para el confort del atleta), nos regalaban momentos inolvidables de la competencia o carrera de bicicleta, como se les llamaba entonces.

Recuerdo felices de la pareja Peña Yuzty

La partida, la cual era organizada con la participación del público asistente, Ya que no existía La Asociación de Ciclismo y por lo tanto tampoco había Entrenador, ni seguridad ni acompañamiento; solamente una moto, la del joven Toyo, que el mismo conducía, era la que orientaba el recorrido. Cuando Toyo  arrancaba dando inicio a la competencia, observábamos al grupo monocolor (hoy el gusano multicolor), sin número de identificación, sin equipos estructurados, todo a nivel individual.

El circuito a recorrer en la zona urbana era totalmente plano: salida Parque Junín – Alcabala del Oasis – 6ta Av. Hasta el Hospital “Rodríguez Rivero” de La Independencia – 5ta Av. – hasta  el sitio de llegada, el Parque Junín; cada circuito constaba de varias vueltas, cuando faltaba una vuelta todos los asistentes colaboraban indicándole a los ciclista que era la última. El otro circuito era más completo, largo y complicado. La partida como siempre en el Parque Junín – 5ta Av. Hasta El Oasis – 6ta Av hasta la calle 12 – subir por la calle 12 – Av. Yaracuy hasta la redoma del Indio Yara – bajar por la Av. Yaracuy – tomar la calle 13 hasta el sitio de llegada Parque Junín.

Cuando el pelotón se divisaba bajando por la Av. Yaracuy para tomar la calle 13, y a partir de allí embalarse hacia el sitio de llegada, una gran emoción se apoderaba de todos los vecinos y el rumor de la proximidad de los ciclistas se extendía a lo largo de la calle 13.

¡Allá vienen!

¡Aquí están nuestros ciclistas!

¡Animo muchachos!

Como por arte de magia toda la calle y sus aceras se congestionaban para aupar y transmitirle a todo el grupo de ciclistas la euforia, la alegría y la emoción reinante en ese momento, allí estaban: Los Castillo, Los Noriega, Los Alvarado, Los Salinas, Los Mendoza, Los Bustillos, Los Rodríguez Mujica, Los Villalobos, Los Oropeza; los Fonseca, Los Paradas, Los Piña, Los Bazán, Los González, Los Linares Castillo, Los Domínguez, Los López, Los Posadas, Los Maya, Los Rodríguez, Los Chirinos, Los Peña, Los Quercia, Los Rey, Los Sierra, Los Mujica, Los Quiroga Los Mendoza, Los Giménez, Los Salcedo, Los Monasterios, Los Gallup, Los Tovar, , Los Perdomo y el resto de los residentes de la calle 13 y sus adyacencias, quienes salían a saludar y aupar a los colosos del pedaleo del Barrio Caja de Agua.

 

Si el circuito era extraurbano, los ciclistas tenían que esquivar huecos, piedras, palos, charcos e insectos y soportar la inmensa polvoreda que levantaba el viento al paso de los ciclistas por esas carreteras no pavimentadas. Es necesario resaltar que ni en los circuitos urbanos, ni en las competencias extraurbanas había sitios de aprovisionamiento; por lo tanto, los ciclistas llevaban un recipiente de aluminio con agua para hidratarse, el cual ataban en el tubo central de la bicicleta.

Al terminar la carrera o el circuito, el popular Luis “Marañón” Regalado, utilizando su propio megáfono, se encargaba de dar a conocer el orden de llegada, pero sin tomar el tiempo empleado por la falta de cronómetros. No había pódium; sin recompensa alguna, solamente pequeños obsequios de comerciantes del sector.

Orlando Valladares cronista

Alfonso Peña, líder indiscutible del ciclismo popular del Barrio Caja de Agua, trabajaba en “Correos de Venezuela”. Para los últimos años de la década del 50, Domingo López  trabajaba en “Telégrafos de Venezuela” y por esa proximidad y similitud del trabajo de cada uno de ellos, más la pasión por el ciclismo Domingo y Alfonso consolidaron una sincera amistad, la cual le permitió a Alfonso invitar a Domingo para que acompañara en algunas oportunidades, al grupo ciclístico del Barrio Caja de Agua, pero la extraordinaria calidad demostrada por Domingo López fue descubierta rápidamente por los caza talentos Larenses, quienes lo invitaron a una competencia en Barquisimeto, la cual ganó con facilidad; inmediatamente fue contratado e incluído en la Selección del Edo. Lara y en 1964 gana la II Vuelta a Venezuela en representación de ese estado.

Poco a poco debido a la desidia, ineficiencia e incapacidad de las autoridades deportivas para proveer a los atletas del ciclismo del material deportivo indispensable para competir, así como la ausencia de asistencia técnica, médica y social, la falta de intercambios, fogueos y roce con ciclistas más experimentados y otras debilidades  se confabularon para que los honrosos ciclistas del Barrio Caja de Agua de la década del 50 del siglo pasado dejaran de entretener, recrear y encantar a la fanaticada  del ciclismo Sanfelipeño, especialmente al gran público del Barrio Caja de Agua”

Artículo de: ORLANDO VALLADARES

Entrevistados:

Alfonso Peña, Aquilino Hernández Rodríguez, Chicho Maya, Francisco Gutiérrez, Luis Alberto Puertas Parra (El Serrucho), Justina Salinas, Pola Castillo de Bustillo y Rafael Linares

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