Liverpool golea en Portugal al oporto y mete miedo

El pentacampeón europeo presenta su candidatura para reverdecer laureles tras sentenciar con una goleada su eliminatoria ante el equipo portugués sin necesidad de un gran despliegue

Tocó, mandó, ganó y goleó el Liverpool en O Dragão, donde dominó al Oporto sin precisar de un gran despliegue para dar continuidad al festival inglés en la Liga de Campeones. Nueve años después de su última incursión en los octavos de final de la gran competición del fútbol europeo, el histórico pentacampeón se ilusiona con reverdecer laureles. Quizás le falte finura respecto a los más grandes, pero le sobra pegada y en terreno luso apuntó una interesante madurez para gestionar los tiempos de un partido, en este caso de una eliminatoria que ya casi ha sentenciado.



Que mandase y ganase el equipo que lidera Jürgen Klopp desde la banda, que decantase el partido refugiado en el manejo de la pelota, ya fue más sorprendente. El Liverpool fue paciente y el Oporto empezó a desmontarse solo en una acción mal defendida, en la que además el meta José Sá respondió de manera defectuosa. Marcó Sadio Mané para poner en evidencia a un portero que despierta dudas y se cayó el Oporto, que salió efervescente, pero pronto agotó la gaseosa. En cuatro minutos le castigó dos veces el Liverpool, que ni siquiera necesitó volar alto. Apenas despegó el equipo de Klopp, que engranó un par de marchas en los últimos metros y en el tránsito de la pereza a la activación ya se convirtió en inalcanzable.

Tras Mané marcó Salah, todo antes de la media hora en otra nueva dimisión de la zaga portista, permeable ante un despliegue de fuerza de Milner que rompió líneas y encontró el palo en su remate. Más atento que nadie, el extremo egipcio recogió el rechace y dejó un malabarismo ante la barba de Sá antes de llevar la pelota a la red. Lo hizo con tanta suficiencia que pareció una alegoría de lo que estaba sucediendo: el Liverpool era más que el Oporto sin despeinarse.



El equipo luso recibió más de un reproche de su exigente afición y trató de recomponerse sin éxito. Le faltaban al Oporto tres habituales en su once. No unos cualquiera. Quizás el central Felipe, el mediocentro Danilo y el delantero Aboubakar le hubiesen dado otro perfil. El equipo partió ocupado en acabar jugadas o al menos no perder balones que le comprometiesen en las veloces transiciones que tanto le gustan al Liverpool. Empezó a perder sin contradecir ese empeño y acabó goleado cuando ofreció barra libre a las carreras del rival, con Mané y Salah de puñales y el excepcional Firmino en la empuñadura. El brasileño fabricó el tercer gol, al galope, para Mané. Marcó el cuarto y se fue al banquillo para ver el triplete de Mané, que cerró más que una manita un bofetón antes de que O Dragão escuchase el You’ll never walk alone.

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