Nadal encuentra un fantasma en la grama de Wimbledon llamado Muller

Gilles Muller pasó por primera vez en su carrera a los cuartos de Wimbledon tras superar en cinco sets a Rafael Nadal por 6-3, 6-4, 3-6, 4-6 y 15-13, en 4 horas y 47 minutos. Una derecha mordida condenó al número dos mundial, que se despide, de momento, de asaltar el trono ATP en manos de Andy Murray.

Nadal salvó dos pelotas de partido en el décimo juego de la quinta manga. Cometía una doble falta que le condenaba a remontar un 15-40. Lo hizo con cuatro puntos seguidos al servicio, incluido su decimonoveno ace. Acabaría con un tope personal de 23. El balear tuvo su momento en el decimosegundo asalto pero su adversario no falló al saque. Muller no había perdido nunca un duelo después de adelantarse por dos sets a cero. Su parcial era 39-0.

Con 9-9, el juez de línea cantó malo un saque del luxemburgués que significaba el ‘break’. El árbitro rectificó porque la pelota había entrado. Se pasó de un 9-10 a 10-9. Luego, llegó el tercer punto de cuartos para Gilles, que salvaría Nadal desde la volea y un cuarto que perdería con una caña.

En ese momento al español ya le molestaba todo, incluso una especia de espejo que estaba en una de las gradas y que fue tapado por un pañuelo de una seguidora. A la quinta opción, Muller no perdonó. Habían pasado 135 minutos desde el inicio de la manga de desempate.

Para encontrar la última vez que el español había perdido un set en un ‘Grand Slam’ había que remontarse a la final del Open de Australia contra Roger Federer. Encadenaba 28 mangas sin fallo hasta que llegó Muller y acabó con esa racha.

El partido había empezado torcido para Nadal, que se dio un golpe en la cabeza con el marco de la puerta en el túnel de vestuarios cuando hacia los habituales saltos para ultimar su calentamiento. Ya en acción, su rival salvó una pelota de ‘break’ en el quinto juego y rompió a Rafa inmediatamente después.

Perder el servicio con un sacador como el luxemburgués es sinónimo de perder el set y eso es lo que pasó. Esa presión el campeón de 15 grandes no la había notado en las rondas precedentes con John Millman, Donald Young y Karen Khachanov.

Los tres primeros partidos empezaron de la misma forma, con rotura favorable al balear. El de octavos se iniciaba con set a favor de Muller. Faltaba ver cómo respondería Nadal a un decorado totalmente nuevo para él y más en hierba.

Los saques en mitad de la pista eran un suplicio para el número dos mundial, incapaz de controlar los efectos de un zurdo como él. Los partidos en el verde y más contra tenistas del perfil del luxemburgués se deciden en pocos puntos. Esos pocos puntos siempre caían del lado de Gilles. En el octavo juego del segundo set, Rafa seguía buscando, sin éxito, su primer ‘break’. Cómo en el set anterior, su adversario respondió después con una rotura que ponía el marcador en dos mangas a cero.

Nadal tenía que recurrir a la épica y el sitio le era familiar. Dos de las tres grandes remontadas de su carrera, con un 0-2 en contra, habían sido sobre el verde de la Catedral del tenis. En la segunda ronda de 2006 ante el estadounidense Robert Kendrick y un año después en los octavos con el ruso Mikhail Youzhny.

La reacción del manacorí no se hizo esperar. Se adelantaría 1-3 y mantendría esa renta para estrenar su casillero de sets.

Ni una fortuita torcedura de tobillo podría frenar la reacción de Rafa, apoyada, en parte por el hundimiento fisico de Muller. Sus servicios ya no eran tan efectivos y eso lo aprovechó el mejor restado del planeta para firmar las tablas. El luxemburgués, además, no inquietaba para nada el saque del español, que podía concentrar todas sus fuerzas en la devolución.

Pero con el paso de los minutos el que pareció más fuerte fue Muller, que será el miércoles el rival de Marin Cilic por un puesto en las semifinales del tercer ‘Grand Slam. La grandeza de Nadal no sólo se ve en la victoria sino en la derrota. Esperó a su verdugo en la pista 1 para salir juntos hacia el túnel de vestuarios.

 

Fuente: marca

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