Paul Pierce lo despidieron en Boston como se despide a los grandes en su año de retiro

Por última vez, Paul Pierce pisó como jugador profesional la cancha del TD Garden. El alero de los Clippers, quien se retirará a final de temporada, fue recibido en Boston con reconocimiento de leyenda, culminando una historia de amor que ni siquiera haberle visto con otros tres uniformes diferentes pudo cambiar. La fiesta local (rematada más tarde con el Superbowl ganada por los Patriots) fue, completa, con victoria de los Celtics por 107-102 y con triple final de despedida de Paul Pierce.

Para “The Truth”, quedó claro muy pronto que no era un partido cualquiera. Pierce recibió antes del partido el cariño de aficionados y miembros de la franquicia con los que compartió tantas noches de gloria, incluyendo el campeonato de 2008. Doc Rivers, quien conoce a la perfección la importancia de Pierce en Boston, hizo un guiño a todas las partes implicadas sacando al alero de titular. La ovación que recibió tras ser presentado fue la reservada únicamente a leyendas.

 

Fiesta con victoria

Los Celtics también tenían preparado un video de homenaje para el primer tiempo muerto del partido. Sobra decir que ningún entrenador dio muchas instrucciones. Los jugadores de los Celtics no dejaron de prestar atención al video-marcador del TD Garden, y Paul Pierce no podía contener las lágrimas, así como una buena parte de aficionados. Fue el último detalle oficial antes de que el partido tomara la iniciativa.

Doc Rivers recuperaba pronto su rotación habitual, de la que el futuro miembro del Salón de la Fama es hoy por hoy una parte marginal. Con Blake Griffin y Jamal Crawford (23 puntos cada uno) como referencia, los Clippers intentaron plantar cara a Boston, pero el espléndido momento de los Celtics y muy particularmente de Isaiah Thomas (28 puntos y 8 asistencias) fue demasiado. El equipo en el que hoy milita Paul Pierce nunca llegó ni siquiera a ponerse una vez por delante en el partido.

Con el duelo controlado, los aficionados del TD Garden reclamaron de forma alta y clara que querían ver a Paul Pierce en cancha, y Doc Rivers concedió su deseo con el partido ya perdido. El alero salía para la última posesión de los Clippers, rematada con un triple. Boston lo celebró como si fuera un triple decisivo de su propio equipo. Porque, en el fondo, Pierce nunca dejó de ser uno de los suyos. En su despedida, se lo recordaron a lo grande.

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