¿Qué paso en el béisbol en momentos de fútbol? Un trabajo que aparece en Béisbolplay

El máximo evento deportivo del planeta siempre ha coincidido con momentos importantes de la pelota. Esta columna recopila algunos hechos relevantes de ídolos y diamantes del país, mientras se hace un paralelismo con las competiciones del balompié

Andriw Sánchez Ruiz | @AnSanchezRu

Esto es una línea entre dos; algo entre usted y yo.

Admitámoslo: el fútbol es fácil de entender. No requiere de un almacenamiento de complicadas e interminables reglas y situaciones como pasa con el beisbol. Amamos los diamantes, por eso le dedicamos la vida a través de las letras. Pero, tal vez, es en la simpleza del balompié donde radica su belleza. Une a los pueblos del mundo. No importa si usted es católico o musulmán, si vive en la Patagonia o en Siberia, si está en el Sahara o en las Islas Cook; seguramente sabrá qué es lo que debe suceder para gritarle al viento que ha ocurrido un gol.

El beisbol todavía no llega a esos niveles. Esa es la meta de Major League Baseball, algo que, para ser francos, parece inalcanzable.

El fútbol, cuando invoca a las mejores selecciones y las agrupa en un lugar para definir al campeón máximo, parece detener el movimiento de traslación de la tierra, pues esta deja de girar en torno al sol y por un mes –más o menos- rodea sin parar a un gran balón. Así de poderoso es lo que ocurre en gramados cada cuatro años.

Venezuela también tiembla y sonríe con los ritmos mundialistas, a pesar de que los únicos nativos que han asistido a la competición más linda han visto las incidencias desde la tribuna, bien sea por invitación o porque pagaron su pasaje como simples mortales. El país nunca ha sido parte del torneo, y se parece mucho al muchacho que se sabe todas las canciones que ponen en una fiesta pero cuando trata de bailar se cae torpemente, pierde el chance de mostrarse ante la más bonita y se consuela con la mesa de los pasapalos.

Todavía no podemos decir que existimos en el concierto mundial. Cuando no se influye de alguna manera no se hace historia y es imposible crear registros. Sin embargo, y definitivamente, mientras se celebraba alguna disputa por la copa que todo futbolista quiere, algo sucedía en el beisbol.

Las siguientes líneas tratan de compilar algunos hechos de la pelota venezolana, al mismo tiempo que el máximo evento deportivo ocurría:

Uruguay 1930, los Eternos Rivales: Si bien las Grandes Ligas ya tenían 59 años de registros numéricos, y en Venezuela ya existía una gran cultura de beisbol, no había llegado el primer criollo al nivel. Babe Ruth, con 35 años de edad y una carrera que ya merecía ser inmortalizada en algún sitio que aún no existía (Cooperstown), dominaba las mayores. Meses antes de que Francia y México inauguraran el primer mundial, el 13 de julio de 1930, ocurrió el primer encuentro entre los ancestros de los Navegantes del Magallanes y los Leones del Caracas.

El Magallanes, después de pasar de ser un equipo de categorías bajas, por fin se enfrentó al Royal Criollos en enero de ese año. El choque le echó cemento a las bases de la mayor rivalidad en la historia del deporte venezolano y luego le dio otro sazón a las Series Nacionales.

Italia 1934, el Grande de Maracaibo en Caracas: El Concordia impuso una tiranía en la Serie Nacional de beisbol, y era algo digno para un equipo que fue creado por Gonzalo Gómez, hijo del presidente del momento, el dictador Juan Vicente Gómez. Lo más importante fue que Luis Aparicio “El Grande”, epónimo del estadio más icónico de Maracaibo y el papá de Luis Aparicio Montiel, el único venezolano en Cooperstown, quedó campeón bate del torneo y se estableció como el mejor campocorto del Caribe en la época.

Francia 1938, la página de Satchel: El beisbol venezolano vivió una nueva etapa. Atrás quedaron las Series Nacionales y bienvenida fue la Primera División. El equipo Venezuela debutó y se tituló campeón para beneplácito de su propietario José Antonio Yánez, un emprendedor de la pelota con aspecto de Al Capone que fue uno de los gestores de la LVBP. Lo más importante fue Satchel Paige, uno de los lanzadores con más mística en la historia del juego, y miembro de Cooperstown desde 1971 por sus hazañas en la Negro League, defendió al Vencedores de Valencia.

Brasil 1950, el Chico que se volvió hombre: Mientras Pelé era un pelado y escuchaba el Mundial por radio, y luego veía a su papá llorar por tener incrustado en el pecho el Maracanazo, Venezuela tenía en Alfonso “Chico” Carrasquel a su primer gran ídolo deportivo. Aunque no fue el primer grandeliga del país (resultó el tercero), el caraqueño debutó ese año con los Medias Blancas de Chicago y tuvo una actuación tan sublime para la época que quedó tercero en la votación para el Novato del Año. Muchos de los siguientes campocortos del país crecerían con estas palabras en la boca: “Mi ídolo siempre fue el Chico”.

Suiza 1954, más allá de Caracas: Meses antes de que los alemanes realizaran la milagrosa remontada contra los húngaros, los mejores del mundo para el momento, la LVBP se expandió y cruzó las fronteras de la capital. Pastora y Gavilanes, legendarios equipos del Zulia, compitieron con Leones y Magallanes. Con solo 19 años, Luis Aparicio Montiel advirtió que iba a ser más grande que cualquiera al obtener el Novato del Año. Es imposible dejar pasar que el Chico se convirtió, el 13 de julio, nueve días después del final del Mundial, en el primer latinoamericano en participar en un Juego de Estrellas.

Suecia 1958, las manoplas doradas: El mundo vio por vez primera el don de Lev Yashin para detener balones. Fue el primer torneo del orbe para el hombre que es considerado por la FIFA el mejor portero del siglo XX, la gran Araña Negra. No obstante, aunque es recordado por ser el precursor en el uso de la protección especial en las manos, en Venezuela el verdadero Guante de Oro fue Aparicio. El otrora torpedero ganó el primer premio defensivo en la Gran Carpa para un criollo. Fue el primer Guante de Oro de sus nueve, el inicio de 28 para campocortos nativos y la piedra fundacional de 49 galardones para la legión. Ven… Aparicio, como Yashin, daba la impresión de tener ocho brazos.

Chile 1962, el que patentó el hit: Brasil es para el fútbol lo que es Víctor Davalillo para el beisbol venezolano. Es imposible hablar de una cosa sin recordar lo otro. La Canarinha de Garricha y Pelé se santificó en Santiago al ganar su segunda Copa del Mundo, y Vitico se consagró como un bateador que iba a escribir páginas áureas en la LVBP. Antes del Mundial, en la campaña 1961-1962, el paleador de los Leones bateó .406 en 138 turnos legales, y además lanzó 117.0 innings y dejó efectividad de 2.46. Se le quitó el título de bateo, pues se consideró que no tenía los chances que se requerían y el cetro se le dio a Tony Curry. Eso solo inspiró al Davalillo. La temporada siguiente, que comenzó ese mismo 1962, ligó promedio de .400 (otro número absurdo) y ganó el primero de sus cuatro campeonatos ofensivos.

Inglaterra 1966, un anillo igual de mundial que la copa: Aparicio fue tan mundial como el fútbol que se jugó los campos ingleses de ese año. Los hombres que inventaron el fútbol pueden decir que al fin vieron retribuida su creatividad con la obtención de la Copa Jules Rimet, que fue entregada por la reina Isabel II. Pero si Little Louie quisiera pavonearse, le podría restregar a los ingleses que ninguno ganó un anillo de la Serie Mundial como él lo hizo ese año con los Orioles de Baltimore. Su leyenda creció gracias a ello, pues fue el primer venezolano en saborear las mieles de la gloria en la máxima instancia del beisbol.

México 1970, una galera apareció en el Caribe: Pelé, tras la decepción de 1966, aseguró que sus días en la selección de Brasil habían terminado. Si el equipo lograba la clasificación a tierras aztecas, él no iba a ir. Padecía de vergüenza deportiva. Pero todo cambió y así como revivió el fútbol amazónico, lo hizo, meses antes, la Serie del Caribe. El torneo volvió a disputarse después de casi una década de detención, y por primera vez una novena venezolana se alzó con el campeonato: Navegantes del Magallanes superó con holgura a Leones de Ponce de Puerto Rico y Tigres del Licey de Dominicana, en el Universitario de Caracas. Gonzalo Márquez, Ray Fosse, Gustavo Gil, César Tovar, Aurelio Monteagudo y Jesús Aristimuño fueron las figuras de los corsarios. Ese equipo, lleno de estrellas, no tuvo un fulgor mayor al de Brasil de Tostao, Rivelino, Gerson, Jairzinho y Pelé; el conjunto fue denominado como el mejor en la historia de los mundiales.

Alemania 1974, el legítimo heredero: En Europa todo se resumía a Franz Beckenbauer y Johan Cruyff. Uno era la columna vertebral de Alemania Occidental, el líder de los teutones que nunca se rinden. El otro era el pilar de Holanda, el cerebro detrás del fútbol total. Al final, y como reza el dicho, el fútbol es 11 contra 11 y siempre ganan los alemanes. Y mientras todo eso sucedía, crecía un nuevo ídolo en Venezuela: David Concepción. Aunque ya había estado involucrado en un Juego de Estrellas y una Serie Mundial, fue en este año que tuvo la temporada más productiva para un venezolano hasta el momento: 14 jonrones, 82 carreras remolcadas y .281 de promedio. Además ganó su primer Guante de Oro, algo que solo habían conseguido Aparicio y Davalillo. Concepción fue el segundo torpedero en ser una referencia defensiva para Venezuela.

Después de su algarabía, y la de los alemanes, la LVBP se vio subyugada por el Poder Negro del Magallanes. Dave “La Cobra” Parker, Don Baylor, Jim Holt y Larry Demery hicieron lo que les vino en gana con los rivales.

No se preocupe. Esto todavía no se acaba. Pronto (antes de que se agote la fiebre mundialista) les traeremos la segunda parte.

Fuente e imagen: beisbolplay

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