¿Se repetirá ese liderazgo esa fantasía?, 25 años del verdadero ‘Dream Team’

Una vez enmudecidas las voces de Freddie Mercury y Montserrat Caballé con su icónica ‘Barcelona’ los focos de los Juegos de 1992 se trasladaron de sede. Concretamente a escasos 15 kilómetros, la distancia que separa el Estadio Olímpico de la Ciudad Condal y el Pabellón Olímpico de Badalona.

Allí, un 26 de julio de 1992, se congregó la mayor constelación de estrellas que han vestido una misma camiseta. Un equipo de fábula que recibió, acertadamente, el sobrenombre de ‘Dream Team’. Sobre las tablas del Olímpico Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Patrick Ewing, David Robinson, Karl Malone, John Stockton, Scottie Pippen, Clyde Drexler, Chris Mullin, Charles Barkley y el universitario Christian Laettner, que fue espectador de lujo del mayor espectáculo de la historia. En el banquillo un Chuck Daly que si ganaba no tendría mérito y si perdía completaría el mayor batacazo de todos los tiempos.



Una leyenda que comenzó a forjarse cuatro años antes, en los Juegos de Seúl, cuando la Unión Soviética liderada por Sabonis hirió de gravedad el orgullo ‘yankee’, dejando al equipo fuera de la final olímpica. Fue el momento en el que Juan Antonio Samaranch, visionario donde los haya, se puso manos a la obra para convencer a David Stern, comisionado de la NBA, de que abriera la puerta a los profesionales, cambiando por completo la concepción de los Juegos y poniendo fin al amauterismo.

Un Objetivo: La Redención

“Existe el error de creer que fue la NBA quiso redimirse de la derrota del 88. Le dijimos a la FIBA que no estábamos entusiasmados con la idea, pero que apoyaríamos la decisión que se tomara en una votación que fue unánime salvo por nuestro voto y el de Rusia”, afirmó el propio Stern cuando confesó el proceso de construcción del Dream Team.

Para los jugadores sí que era una forma de vengar la afrenta sufrida en Seúl. O al menos eso se destila de las palabras de uno de sus componentes, Patrick Ewing:

“Tras lo ocurrido en el 88 había que enviar a los Seals. Éramos como los Navy Seals, la élite dentro de los cuerpos de élite. Llegamos a Barcelona, pateamos algunos traseros y volvimos a casa sanos y salvo”.

 

Otros miembros del equipo como Larry Bird, con sus problemas crónicos de espalda, o Magic Johnson, que en octubre de 1991 había anunciado que era portador del VIH, lo veían como el último gran ‘show’ de su carrera.



Una vez convencidas todas las estrellas (Jordan fue el que más costó) el equipo comenzó la concentración en Los Ángeles donde sufrió una derrota de la que no hubo constancia hasta dos décadas después. Más tarde llegó el entrenamiento catalogado como “el mejor partido de la historia” que se disputó en Montecarlo y del que sólo queda la leyenda. Y de ahí, a Barcelona a hacer historia. En la Ciudad Condal fueron recibidos como estrellas de la música y disfrutaron de todos los beneficios que ello conlleva.

Todo cambió el 26 de julio. Aquel día frente a Angola comenzaron su particular paseo militar por una cancha en la que no dejaron crecer la hierba de ninguno de sus rivales. Todos claudicaron ante una selección imbatible: Oro, ocho victorias (a las que habría que sumar las seis logradas en el Preolímpico de Portland) y una media de 44 puntos de renta sobre todos sus adversarios.



Angola (+68), Croacia (+33), Alemania (+43), Brasil (+44), España (+41), Puerto Rico (+38), Lituania (+51) y Croacia (+32) fueron las víctimas de un ‘Dream Team’ en el que estadísticamente Charles Barkley fue el mejor (18 puntos por partido). Un equipo que se fue de Barcelona cumpliendo la promesa de su entrenador, que no tuvo que pedir ningún tiempo muerto durante el torneo.

“Fue el primer y único partido de mi carrera que sabía que iba a perder. Hicimos lo de siempre, pero cuando enfrente tienes un equipo como ése no puedes hacer nada”, asegura Jordi Villacampa recordando, 25 años después, su enfrentamiento ante “el mejor equipo de siempre. Recuerdo que le dije a Rafa Jofresa que a quién quería defender, si a Jordan o a Magic”. Daba igual, el resultado iba y fue siempre el mismo.

 

Fuente: marca

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